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Tiempos de incertidumbre, cómo avanzar, Cap. 3

Sólo sé que no sé nada ¿o si?
Cómo avanzar en la niebla en estos tiempos de incertidumbre

Capítulo 3: Diseña tu Plan de Acción de Regulación Emocional

Llegamos al final de esta serie de 3 artículos sobre la gestión emocional de la incertidumbre.

En el primer capítulo pudimos ver la importancia de tomar consciencia de los efectos que ésta provoca en nosotros. Y en el segundo capítulo os contamos algunas técnicas de regulación emocional, utilizando como vía de entrada nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Lo que nos queda ahora es poner todo lo anterior en práctica de manera concreta y planificada, para empezar a ver resultados diferentes. 

Te invitamos a diseñar tu plan de acción de regulación emocional de la incertidumbre.

 

La clave de un Plan de Acción efectivo, es decidir a donde apuntar, o lo que es lo mismo, definir bien tu objetivo.

Lo primero a tener en cuenta a la hora de definir tu objetivo es que dependa 100% de ti. En lo que a regulación emocional se refiere, si has hecho la toma de conciencia a la que te invitábamos en el primer capítulo, seguramente habrás identificado áreas que quieras mejorar.

Tu objetivo puede ir dirigido hacia cómo quieres gestionar determinadas situaciones, como quieres sentirte frente a ellas y de qué manera quieres actuar.

Por ejemplo, si la incertidumbre está afectando en tu desempeño en el trabajo, o tu motivación, o en cómo te estás relacionando con tu pareja, o con tus hijos, tu objetivo debe definir de manera específica qué cambio quieres generar en ti y qué comportamiento quieres tener. No enfoques tu objetivo en la reacción de otras persona, si no en el cambio que buscas para ti.

Objetivo
Además, tu objetivo debe ser lo más específico posible, medible, incluso, de manera que puedas saber de forma objetiva si lo has logrado o no. Establece un plazo de tiempo, y valora que sea alcanzable, al mismo tiempo que suponga cierto reto para ti.

Escribe tu objetivo, debe empezar por “Yo quiero” o “Yo voy a“. Una vez escrito, pregúntate

¿Del uno al 10, cómo de motivador es este objetivo para mí?

En mi experiencia, si estás por debajo de 9, necesitas revisar el objetivo y plantearte que es lo que realmente te motiva un 10, qué objetivo te puede traer unas recompensas tan potentes que te merezca la pena realmente el esfuerzo. Unos beneficios que sean para ti argumentos más fuertes que los “no tengo tiempo”, “no tengo ganas”, “no sé cómo hacerlo”, “ahora no es el momento”… que van a ir surgiendo a lo largo del camino.

Cuando lo tengas, cuéntaselo a alguien, demuestra tu compromiso haciendo lo que en coaching llamamos una “declaración” de lo que vas a lograr. Pídele a esa persona o personas incluso que te ayuden, que te den feedback de cómo progresas y sobre todo que te animen y te feliciten cuando lo estés haciendo bien.

Quien tiene un buen objetivo, tiene un tesoro, en serio, si defines bien tu objetivo, ya tienes una gran parte del trabajo hecho. Lo siguiente es cuestión es definir que acciones vas a ir llevando a cabo para lograrlo.

En el capítulo 2, te hemos dado unas cuantas técnicas y herramientas que puedes incorporar a tu plan de acción. Por ejemplo, si para conseguir tu objetivo de regulación emocional quieres introducir la atención plena en tu rutina, una acción podría ser “practicar 10 minutos de Mindfullness guiado 3 veces en semana durante la primera semana del plan”. Es una acción específica, medible, con fecha, alcanzable y depende de ti.

Estas características sirven para cualquier tipo de plan de acción. Para planes de regulación emocional como es el caso, te proponemos además acciones de 2 tipos.

Acciones de "preparación"

¿Qué puedo hacer para prevenir la situación en cuestión? Por ejemplo, practicar Mindfulness para aprender a tomar distancia y observarme. Para conocer mejor cómo reacciono por ejemplo a situaciones que normalmente me generan frustración en el trabajo debido a la incertidumbre.

Acciones de "gestión"

Cuando la situación ya se ha dado, ¿qué cosas puedo incorporar para manejarla de forma diferente?. Por ejemplo, hacer un ejercicio de generar pensamientos productivos cuando llego frustrada/o a casa del trabajo, y lo pago con mi pareja.

Ambos tipos de acciones son complementarios. Las acciones de preparación requieren de tiempo y constancia, y las de gestión son puntuales en base a las situaciones concretas. 

Antes de ponerte en marcha, revisa tus fortalezas. Piensa en tus logros y como te has enfrentado a situaciones difíciles en el pasado. ¿Qué has aprendido que te pueda servir ahora? ¿Con quien puedo contar para ayudarme? ¿En quién me puedo inspirar? Incorpóralo todo a tu plan.

Una vez en marcha, hazte seguimiento de manera regular, honesta y desde la apertura y la curiosidad por aprender. ¿Qué cosas me están funcionando y qué no? ¿Qué acciones se están quedando atrás y como puedo rediseñarme para llevarlas a cabo o quizá necesite pensar otras?  Y por supuesto, celebra los avances y aprovecha las dificultades para conocerte mejor.

Todo aquello que no depende de nosotros, es incierto.

Es comprensible que en estos momentos nos sintamos perdidos. Pero lo cierto es que desde que nacemos la incertidumbre es parte de nuestra vida. Si la aceptamos y ponemos el foco en nuestro interior, encontraremos una fuente de luz para iluminarnos cada paso del camino. Es nuestra responsabilidad cuidarla y alimentarla.   

Esperamos que esta serie de artículos os hayan dado algunas claves para conoceros mejor, potenciar vuestra luz interior y ponerla al servicio de vuestros sueños y objetivos.  

Resumen de ideas claves

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